En un proceso democrático como el que vivimos, la oposición debería se una garantía de estabilidad democrática, de manifestación real del sentir social en todas sus manifestaciones políticas, ideológicas, entre otras. Igualmente la oposición debe servir para deterner el descontrol de parte de los organismos públicos en el gasto, el control de la función pública y el generar una matriz de opinión capaz de generar ideas nuevas en la sociedad. La oposición también, como sucede en muchos países, debe servir de apoyo al gobierno de turno para generar políticas de Estado comunes que afinquen el desarrollo social, político y económico de la nación y así lograr que las decisiones trascendentales que se tomen tengan la mayor base política - social y evitar así situaciones que conlleven a la ingobernabilidad.
Las democrácias latinoamericanas no son un ejemplo digno de ello, por ejemplo tenemos lo que actualmente sucede en Bolivia, donde las contradicciones políticas se colocan por encima del bien nacional, tanto de parte del gobierno como de la oposición. Igualmente pasó aquí en Venezuela en el 2002, cuando la falta de acuerdos políticos en cuanto al modelo de país, la intrasigencia gubernamental casi deriva en una guerra civil, que todavía estaríamos lamentando.
Frente a esta situación podemos preguntarnos: ¿Cuál es papel de la oposición actualmente? ¿Tiene la capacidad para entender su papel en el nuevo espectro nacional? ¿Está consciente de que camino tomar, ante las amenazas golpistas de corte militarista?
Aqui en El Tocuyo, existe una especie de chiripero candidatural de oposición, mientras el oficialismo se debate entre dos candidaturas: Fidel Palma y Victor Escalona, la oposición tiene mas candidatos que el Miss Venezuela, en el cual ninguna parece contar con la base política para un acuerdo minimo de negociación.....